|
MI
CASA FUE BENDECIDA...
(y yo a veces no sé quedarme callado)
No quiero dejar pasar el tiempo como si nada hubiese pasado; no quiero minimizar todo lo lindo que hemos vivido juntos; no quiero dejar de disfrutar los buenos momentos que Dios nos regala. Nos ofrecimos como voluntarios para ir a ayudar, para ir a dar nuestro trabajo en beneficio de otros más necesitados y cada día que pasa nos damos cuenta que los más beneficiados hemos sido nosotros mismos. Supe que un constructor creyó ver a su propia hija entre los niñas que había en el campamento, incluso la llamó con el nombre de su hija. Para él esa niña fue su hija por unos instantes y por eso la llamó... No creo que eso sea una simple confusión, pienso que hay algo detrás, como mensajes en todo esto. Creo que el mundo gime sutilmente, que son llamados al corazón del hombre... Creo que esos niños quieren gritar – sin saberlo – que ellos son tan lindos y valiosos como nuestros hijos y que merecen ser amados y alimentados tanto como ellos. Su capacidad de amar es la misma, están hechos por el mismo Creador. Creo que cada uno de nosotros, poco a poco, va teniendo conciencia de esto y que ninguno queda indiferente ante esta realidad... Y resulta que otro quiso ofrecer un regalo a cada uno y gracias a eso nos regalamos unos a otros esas cruces y fue una oportunidad para decirnos lo valiosos que somos como personas, en forma individual y gracias a ello cada uno pudo escuchar alguna opinión positiva, algo bueno de parte del compañero y fue un buen momento, un milagro diría yo, una bendición para cada uno y una bendición para mi casa, para mi hogar, para mi familia. Les aseguro que ninguno es el mismo; ya nunca más volveremos a ser la misma persona, algo nos pasó ese día... Dios nos sigue premiando, nos sigue amando. Y las cruces las tenemos y seguro que las guardamos como un pequeño tesoro porque para nadie (de los que la recibimos) es un simple pedazo de papel, es mucho más, es casi un trofeo, una distinción, algo que nos recuerda lo que valemos, lo que podemos lograr, lo valiosos que somos, lo importante que podemos aportar para construir ese mundo mejor que anhelamos. Cada vez esta más claro que en esto de construir un mundo mejor nadie está demás y todos somos importantes, todos somos necesarios. Y otro de entre nosotros ideó que la fiesta tuviera otro signo significativo. Así quiso que fueran los jefes de cuadrilla, los que sirvieran a sus <<dirigidos>> y todos estuvimos de acuerdo y lo hicimos con gusto y fue una forma de agradecer a cada uno su aporte... Otro más de entre los presento tomó las fotos de ese día y se preocupó de cada detalle, de revisar los negativos, de mandar a sacar las copias, de ordenarlas por persona, de envolverlas y de entregarlas a cada persona según sus preferencias. También antes se había preocupado de hacer unas tarjetas a mano y entregársela a cada uno para invitarlo a esta fiesta... y fue una linda sorpresa, un buen presagio de los bellos momentos que nos esperaban. También en mi casa, antes de la fiesta, hubo dos personas preocupadas de preparar todo, las ensaladas, la mesa, el lugar, la cocina y lo hicieron con dedicación, porque lo invitados eran especiales, los unía algo distinto. Eran los <<Constructores de Esperanza>> los que llenarían la casa. Y al final, cuando todo terminó, quedaron felices por lo que vieron, por lo que compartieron. Aun lo recuerdan. Nos dijimos muchas cosas ese día, hubo un hijo que dijo públicamente que su papá era <<choro>>. Fue capaz de reconocer en público y en vida la admiración por su padre. No podríamos decir que eso pasa a cada rato, ni negar que como padres nos gustaría recibir también ese premio o que como hijo nos gustaría también haberlo dicho (quizás aun es tiempo)... Una vez más, otra recompensa valiosa e importante. Es probable que haya más historias que aquí no están dichas; ésta es solo una muestra, es un recuerdo, una forma de seguir saboreando este lindo capitulo de nuestras vidas. Hemos ido creciendo, tomando nuevas responsabilidades. Nos hemos atrevido a dar la cara, a asumir nuestra responsabilidad, a reconocer nuestros méritos, a aceptar que somos valiosos y eso mismo nos impulsa a seguir avanzando en este camino de entrega desinteresada.. Además, ya conocemos la recompensa y cómo viene la mano de vuelta. Si damos uno recibimos cien de vuelta y mil también. Todos fuimos bendecidos... 16 de noviembre de 2001 |