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TÍO, ¿ME
CORRE EL PERRITO?
(A propósito de un programa del Canal 13 en el que participó Benito Baranda, 20 de julio de 2001).
Homero Alonso Artola
Así me dijo esa niña que jugaba en el campamento La Línea cuando fuimos a construir mediaguas; ella estaba metida en su propio mundo de juegos y de fantasías con otra amiga y lo único que me pidió fue que sacará ese perrito. Al darme vuelta para saber de qué se trataba vi un perro muerto metido entre la basura que inundaba el lugar. Ella lo que me pedía era que sacara ese cadáver para poder ocupar el lugar y no sentir el mal olor. En su inocencia no pensó en la infección que la amenazaba, ni tampoco en la miseria que la abrazaba, ni en la injusta situación en qué vivía y aún vive. Ella solo quería que <<corriera el perrito>> para poder seguir construyendo su fantasía. Y yo lo único que pude hacer en ese momento fue tomar el animal inerte y tirarlo lejos. No había basurero, ni donde dejarlo. Todo el lugar era un basurero. Lo único que pude decirle fue que tuviera cuidado por las infecciones y obviamente ella no entendió nada de lo que dije. Sólo le importaba que dejara el espacio disponible para su juego. Y ha pasado el tiempo, 10 meses o más y yo sigo aún con la inquietud, con la impotencia de no saber que más hacer por esa niña y sus juegos; con su mundo de fantasía que pronto dará paso a un mundo real, crudo y que ya la condena a reproducir la miseria. Y es que ella no lo merece, ni ella ni nadie. Y sigo aquí sin hacer nada. Ella no tiene culpa, pero en el futuro será más discriminada, maltratada, condenada. Su paisaje normal será el basural que rodea su casa, su mediagua en el mejor de los casos. Yo ni siquiera sé su nombre y si la vuelvo a ver no la reconoceré, pero sus palabras, sus palabras de niña inocente, de niña pura, de niña feliz, sus palabras de pureza en medio de ese basural no las olvidaré tan fácil. Fue tan poco lo que me pidió y a la vez fue tanto lo que me inquietó y me sigue inquietando... Se puede decir mucho sobre la pobreza, se puede hablar tanto de los pobres, de lo flojos que son, de que son ladrones, de que no le trabajan un día a nadie, pero otra cosa es escuchar a esa niñita hablar con su voz inocente pidiendo, sin saberlo, un mínimo de dignidad, rogando, apenas, que ese perro muerto no esté ahí encima de ella para poder jugar. No ha pensado ni imaginado que el mundo le debe mucho más que eso, que desde que nació tiene derecho a mucho más, que está indefensa frente a esta sociedad injusta, que debiera jugar en un lugar limpio, no faltarle nunca comida, colegio, cuidado y el amor de sus padres. Si ella supiera como viven otras niñas iguales en todo a ella. No creería que tienen juguetes, que valen más que la casa donde habita y son niñas lindas, inocentes, tan iguales a ella. No sé por qué escribo esto, ni pretendo sacar conclusiones ni enseñanzas. Sólo quiero dejarlo escrito para leerlo, para recordarlo, para que no se me olvide. La voz frágil e inocente de una niña, que para mí es un grito de auxilio por una vida digna, por un ser humano mas pleno.... 10 de enero de 2002 |